Cómo leer la Biblia

Pedro Jaramillo


INTRODUCCIÓN

 

Un día me contó un obispo una anécdota curiosa. El suceso tenía por protagonista a un sacerdote anciano que había recibido la visita de unos Testigos de Jehová. Habían estado hablando largo y tendido y, naturalmente, llegaron a uno de los clásicos puntos de choque: los hermanos de Jesús. Aquel sacerdote defendía a capa y espada que Jesús no había tenido hermanos y pensaba que los interlocutores usaban una Biblia adulterada... Le contaba al obispo su confusión: "Figúrese - decía - mi chasco fue total porque resulta que subí rápidamente a leer mi Biblia... y allí decía que Jesús tuvo hermanos y hermanas".

El buen sacerdote quería argumentar con unas palabras y no con su significado. Se ponía, de hecho, en el mismo terreno de los Testigos de Jehová, cuya fuerza consiste en afirmar: "La Biblia lo dice así". Pero, ¿hay que tomar siempre la Biblia al pie de la letra? ¿Por qué unas veces sí y otras no? En ese caso, ¿quién me ayuda a mí a discernir unos casos de otros? ¿Quién tiene el encargo y la autoridad suficiente para ayudarme?

Estas líneas pretenden dar respuesta a esos y otros interrogantes. Las reflexiones que en él transmitimos son fruto de muchos esfuerzos por popularizar algunos principios de interpretación de la Sagrada Escritura. A través de charlas, jornadas, semanas bíblicas dirigidas a público muy sencillo, he podido comprobar que cualquier persona puede entender los conceptos más difíciles con tal de que -se le expresen en un lenguaje adecuado. Basta a veces un ejemplo, una insinuación, una llamada a la experiencia de cada día para que muchas cosas queden claras y se entiendan.

Por esta razón las reflexiones siguientes son muy sencillas y no tienen ninguna pretensión desde el punto de vista científico, de la ciencia bíblica, se entiende. En un primer momento tuve la tentación de poner como subtítulo: "unas reflexiones de perogrullo". Al final no lo hice porque me pareció poco serio. Pero sí puedo decir que estas sencillas explicaciones han sido leídas por gente del pueblo y las han entendido y apreciado. En ellas se tienen en cuenta muchas preguntas que se me han ido haciendo cuando he dialogado sobre estos temas, y en algunos casas, incluso se reproduce la conversación en forma directa y en su estilo coloquial.

La Biblia -hay que tenerlo presente- es un libro escrito hace muchos siglos, en un lenguaje de otras épocas y de otros hombres. ¿La podríamos leer -sin ninguna preparación, como leemos el periódico cada mañana? El lenguaje del periódico es nuestro lenguaje, emplea nuestros modos de hablar y de expresarnos-... y sabiendo leer, no cuesta mucho trabajo entender lo que dice. Para interpretar la Biblia, ¿basta con saber leer?

Me parece que este pequeño trabajo puede ser una buena pista de lanzamiento para aprender a leer la Biblia en forma adecuada. Nos daremos por muy satisfechos si alguien encuentra una ayuda en los comienzos de un camino que otros libros más exigentes pueden continuar y ampliar.

 

EL CATÓLICO Y LA BIBLIA

 

¿Apreciamos los católicos debidamente la Biblia? De escuchar las enseñanzas de la Iglesia, así debiera ocurrir. ¿En qué medida? Si fuera posible la comparación, diríamos que tanto como veneramos el Cuerpo de Cristo en la Eucaristía. Así lo dice el Concilio Vaticano II:

"La Iglesia siempre ha venerado la Sagrada Escritura, como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo, pues, sobre todo, en la sagrada liturgia nunca ha cesado de tomar y repartir a sus fieles el pan de vida que ofrece la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo. La Iglesia ha considerado siempre como norma suprema de su fe la Escritura unida a la Tradición, ya que, inspirada por Dios y escrita de una vez para siempre nos transmite inmutablemente la Palabra del mismo Dios... Es tan grande el poder y la fuerza de la Palabra de Dios, que constituye sustento y vigor de la Iglesia, firmeza de fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y perenne de la vida espiritual" (DV 21).

Quien quiera sintonizar con la Iglesia ha de participar de estos mismos sentimientos hacia la Biblia. Abiertamente, sin recelos, sin temores ni cosa que se les parezca.

Pero, ¿qué es la Biblia?

EL NOMBRE: En primer lugar, ¿qué significa "Biblia"? Biblia significa "libros". Y es uno de los nombres con que designamos los Libros Santos de Israel y de la Iglesia. Es denominada también Escritura, Sagrada Escritura, Sagrado Texto, Libros Sagrados...

LA BIBLIA, OBRA HUMANA

He aquí algunas afirmaciones fundamentales:

* En primer lugar, tenemos que decir que los Libros de la Biblia no cayeron escritos del cielo .
* Tampoco se escribieron "de una sentada". Su escritura duró siglos.
* No los escribió Dios directamente, usando "su pluma" y "su tintero".

Merece la pena detenerse un poco en este último punto. Dice el Concilio: "Dios habla en la Escritura por medio de hombres y en lenguaje humano ". Es muy necesario tenerlo en cuenta, porque señala una verdad importantísima que nunca debemos olvidar: Que la Biblia es obra totalmente de Dios y totalmente del hombre . Por ser obra de Dios nos transmite las verdades que Dios quiso manifestamos para nuestra salvación . Por ser obra del hombre nos transmite esas verdades con los mil modos de expresión humana con que hablaban los hombres del antiguo Oriente en donde se escribió la Biblia .

El lenguaje humano

Importa que quede esto claro. Es algo que nos pasa a nosotros mismos en nuestro cotidiano modo de hablar. Una misma verdad la expresamos de múltiples maneras. Corrientemente no nos importa demasiado el modo, sino que vamos abiertamente a la verdad que queremos significar.

Por ejemplo, estoy bajo un estado de depresión pesimista ante un grave problema (esta es la verdad que quiero comunicar). Y para expresárselo a un amigo le digo: "Chico, estoy hecho polvo". No cabe duda que mi amigo me entiende perfectamente. Pues bien, imaginaos que un autor bíblico hubiese dicho de algún personaje: "estaba hecho polvo". Nunca debemos pensar que porque lo dice la Biblia, que no puede engañarnos por ser Palabra de Dios, aquel personaje estuviera materialmente triturado y reducido al polvo. En este ejemplo, la Biblia quiere expresar la misma verdad que nosotros hemos manifestado con semejante dicho: la existencia de un estado de ánimo decaído y pesimista.

He aquí, pues, una cosa muy interesante que debemos grabar en nuestra cabeza:

- Que la Biblia nos transmite la verdad que Dios nos quiere comunicar.

- Que nos transmite mediante los numerosos modos de expresión humana que se utilizaban entonces.

Esto trae una consecuencia que vamos a entender en seguida: Que no siempre y en todas las afirmaciones podemos tomar la Biblia al pie de la letra. Si yo te escribo una carta y te digo "Padezco un confusionismo de cabeza muy grande", tú entiendes al pie de la letra e interpretas lo que quiero decir. Pero, si por el contrario, digo: "Estoy hecho un taco” o "Estoy hecho un lío" es claro que tomado al pie de la letra igualmente, resulta ininteligible lo que quiero decir.

 

LO QUE QUIEREN DECIR LOS AUTORES DE LA BIBLIA

 

Es muy importante saberlo y tenerlo en cuenta. De ello nos dice el Concilio:

" Para descubrir la intención del autor (es decir, para descubrir lo que nos quiere decir ) hay que tener en cuenta, entre otras cosas, los géneros literarios . Pues la verdad se presenta y se enuncia de modo diverso en obras de diversa índole histórica, en libros proféticos o poéticos, o en otros géneros literarios. El intérprete indagará lo que el autor sagrado intenta decir y dice, según su tiempo y cultura, por medio de los géneros literarios propios de su época. Para comprender exactamente lo que el autor quiere afirmar en sus escritos, hay que tener muy en cuenta los modos de pensar, de expresarse, de narrar que usaban en tiempo del escritor, y también las expresiones entonces en la conversación ordinaria " (DV 12).

¿Qué significa esto? Que muchas veces no coincide lo que decimos con lo que queremos decir. Y que lo que cuenta siempre es lo que queremos decir. El otro día estuve en una romería e impresionado por el gentío que había comenté: " Aquí está todo el pueblo ". Estas fueron mis palabras; pero lo que quise expresar es que había mucha gente. Quien captó esto segundo entendió bien, entendió la verdad que encerraba lo dicho. Si alguien supuso al oírme que estaba todo el pueblo, de tal modo que ni una sola persona quedó en su casa, entendió mal, no alcanzó la verdad implícita en mi afirmación.

¿No os ha ocurrido alguna vez que habéis entendido de modo perfecto la materialidad de una afirmación hecha por una persona y sin embargo habéis preguntado: "¿Y qué quieres decir con esto ?"

A esto alude el Concilio cuando afirma que para interpretar lo que el autor sagrado quiere decir hay que conocer muy bien el modo de expresarse que utilizó. Pero – se puede preguntar - ¿es que el autor sagrado, o los autores sagrados, emplean muchos modos de expresión y no solamente uno, que debería ser siempre categórico, racional y contundente? Pues claro que sí. Decía Pío XII:

"Ninguna de aquellas maneras de hablar, de que entre los orientales solía servirse el humano lenguaje para expresar sus ideas, e s ajena a los libros sagrados, con la condición de que el género de decir empleado en ninguna manera repugna a la santidad y verdad de Dios" (Encíclica " Divino Afflante Spiritu ").

omemos el ejemplo de una poesía. El poeta emplea con frecuencia un lenguaje lleno de imágenes. Para señalar que el agua producía un ruido agradable, escribe que el agua cantaba. O para expresar que unos árboles crecían altos y rectos, nos dice que los árboles apuntaban al cielo... Nosotros distinguimos muy bien entre lo que quiere decir y cómo lo dice. Pues bien, también en la Biblia se nos dicen muchas verdades utilizando la poesía: hay todo un libro -el Cantar de los Cantares- lleno de poesía; y muchos salmos; y buena parte de los libros de los profetas. Evidentemente, en todos estos pasajes poéticos de la Sagrada Escritura no debemos enredarnos con las imágenes y las expresiones, sino captar la verdad que nos transmiten.

 

EL LENGUAJE DE LAS IMÁGENES

 

Hay algo muy especial en este sentido. La Biblia habla constantemente de Dios y del hombre, de las relaciones entre ambos. Y tiene cosas importantísimas que decirnos en este terreno. Lo hace empleando imágenes. Como cuando nosotros hablamos a un niño y para que nos comprenda hacemos lo más plástica posible la expresión, nos amoldamos lo más posible a su mentalidad, para hacemos entender: recurrimos a comparaciones, le ponemos ejemplos, nos fijamos en su experiencia...

Hay una verdad en estas relaciones entre Dios y el hombre, la de nuestra total dependencia de Él. El hombre no debe ignorarlo, cayendo en la tentación del orgullo. Se le podría decir: "Tu vida depende totalmente de Dios". Es una manera fría y contundente de expresar aquella verdad. Pero el autor sagrado prefiere decir: "Dios es un alfarero y nosotros somos la masa en sus manos. Él hace con su barro lo que quiere". ¿Hay mejor manera de expresar nuestra total dependencia de Dios? Y, sin embargo, ni El es alfarero ni nosotros somos barro. Esta es la gran verdad que nos quiere hacer llegar, por ejemplo, el Libro del Génesis, cuando, en la Creación, nos presenta a un Dios alfarero modelando la figura del hombre del barro de la tierra.

El pueblo de Israel era un pueblo de pastores. Había visto muchas veces la estampa del pastor, abnegado, entregado, totalmente pendiente de las ovejas de su rebaño... Y de nuevo el autor sagrado, cuando tuvo que señalar cómo es Dios para el hombre, le vino enseguida a la mente aquella imagen entrañable del pastor. Y afirmó: "El Señor es nuestro Pastor". Evidentemente, Dios no es un pastor ni nosotros somos un rebaño de ovejas.

También era aquel pueblo, pueblo de viñadores. Y estaban acostumbrados todos a ver la ilusión con que el viñador planta sus vides, las poda, las limpia, las desembaraza de piedras y broza... con la esperanza de poder recoger en su día la hermosa uva. Y, cuando la viña sale borde, y en lugar de uva da agrazones, la desilusión de aquel hombre no tiene comparación. El pueblo de Israel sabia lo bueno que Dios era para con él y tampoco ignoraba que él, pueblo de Dios, solía corresponder a tal bondad con su infidelidad y su pecado, olvidado del Creador y no dando buenos frutos. Entonces pensó en la imagen de un viñador desilusionado, porque plantó su viña, la cuidó, la mimó... y su viña le dio agrazones. Ni Dios es viñador ni nosotros somos una viña pero, ¿se puede plasmar de mejor manera la desilusión que nuestro pecado causa en el corazón de Dios?

Oseas fue un gran profeta. Pero en su vida matrimonial sufrió un fracaso. Como tantos fracasos matrimoniales se suceden en nuestros días. Y en la tragedia de su amor no correspondido descubrió la fuerza para expresar, con un lenguaje "de matrimonio" de adulterio, de prostitución..., la misma tragedia de Dios, unido en matrimonio con su Pueblo, y frustrado por la ligereza de una esposa (ese mismo Pueblo de Dios) que lo abandonó y fue tras otros amores (los ídolos). Y la imagen del matrimonio quedará, sobre todo en los libros de los profetas, para expresar esta cruda realidad.

Y, ¿cómo ignorar que la verdad más fundamental del Nuevo Testamento, el amor de Dios a los hombres, a todos los hombres, y principalmente a los pecadores se nos expone con la imagen sencilla y entrañable, también fruto de nuestra propia experiencia, del padre bueno que espera contra toda esperanza al hijo que se marchó de mala manera?

ues bien, esto nos pone de manifiesto una característica muy significativa de toda la Biblia: que con mucha frecuencia nos habla con imágenes. ¿Es por ello menos verdad lo que nos dice? Ni mucho menos. Quiere decir, simplemente, que expone la verdad de un modo muy propio. Precisamente con éste del uso de las imágenes. Y que nosotros, inteligentemente, debemos tenerlo presente y no tomar una cosa por otra.